Ese lugar.
El coto donde pacen mis brazos, el pasto de mis labios, la sequía de penas. Los ojos que redimen mi condena, la mueca que disculpa mis agravios, un regalo del cielo para estrechar los lazos. Erré el rumbo en los Alpes, vagué por Pirineos. Canela andina, llegué hasta ti siguiendo tu seseo, bendita revelación divina de este ateo. Acervo de cariño, masa de mimo espontáneo, nos basta solo un guiño para hablar. Venus latina en el mediterráneo, virtudes en racimo, mosto del niño que guarda este hombre en su diván. No hace falta que me digas tu nombre, cuida a este loco en la capital de Jauja, llámame Adán.
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